Frutilú
Para dormir · 6 min de lectura · 2 a 5 años

Kiwi y la luna dormilona

Un cuento original de Frutilú.

Era de noche en Frutilú. El cielo se había puesto de color azul oscuro, las estrellas se iban encendiendo una a una, como farolillos, y todas las frutas se ponían el pijama.

Piña se cepilló los dientes y se fue a la cama con su corona de hojas bien peinada. Plátano se acurrucó en su cama, curvadito como una cuna. Sandía se tapó con su manta de rayas verdes.

Pero Kiwi no tenía nada de sueño. Daba vueltas y más vueltas en la cama. Se tapaba. Se destapaba. Contaba los dedos de los pies. Volvía a taparse.

Así que se levantó, se asomó a la ventana… y allí la vio. La luna. Grande, redonda y brillante. ¡Igualita que él!

—Hola, luna —susurró Kiwi—. ¿Tú tampoco tienes sueño?

La luna bostezó despacito, un bostezo largo, largo, que hizo temblar un poco a las estrellas. —Un poquito sí —dijo con una voz muy suave—. Pero antes de dormir me gusta dar las buenas noches a todos. Así me duermo tranquila.

—¿A todos? —preguntó Kiwi—. ¿Puedo ayudarte?

—Claro que sí. Empezamos por los que están más cerca.

Y juntos, en voz bajita, empezaron: —Buenas noches, Piña, que ya duermes con tu corona de hojas. Buenas noches, Plátano, acurrucado como una cuna. Buenas noches, Sandía, que sueñas con el mar.

—Ahora los del jardín —dijo la luna. —Buenas noches, árbol grande, que mueves las ramas despacito. Buenas noches, flores, que ya habéis cerrado los pétalos. Buenas noches, grillos, que cantáis tan bajito: cri, cri, cri.

—Y ahora los del cielo —dijo Kiwi, que empezaba a hablar más despacio. —Buenas noches, nube blanca, que pasas sin hacer ruido. Buenas noches, estrellas, que brilláis como purpurina.

Kiwi bostezó. Un bostezo pequeñito. Luego otro más grande. Y luego uno tan grande que casi se traga una estrella.

La luna sonrió. —Nos falta alguien muy importante.

—¿Quién? —preguntó Kiwi, frotándose los ojos.

—Tú. Buenas noches, Kiwi.

Kiwi volvió a su cama, se tapó hasta la nariz y cerró los ojos. Respiró despacio, muy despacio. Cogió aire… y lo soltó. Uno. Cogió aire… y lo soltó. Dos. Cogió aire… y lo soltó. Tres.

Y antes de llegar a cuatro, Kiwi ya estaba dormido, soñando que daba un paseo por el cielo, de la mano de la luna.

Y la luna, muy contenta, se quedó encendida toda la noche, cuidando los sueños de todos. También los tuyos.

Para hablar después
  • ¿A quién dieron las buenas noches Kiwi y la luna?
  • ¿Cómo respiraba Kiwi para dormirse?
  • Dad juntos las buenas noches a tres cosas de la habitación.