Frutilú
Emociones · 5 min de lectura · 3 a 6 años

El enfado de Plátano

Un cuento original de Frutilú.

Era el día de la gran carrera de Frutilú. Había banderitas de colores, una línea de salida pintada en el suelo y una meta con un lazo rojo.

Plátano estaba seguro de que iba a ganar. Había entrenado toda la semana: corría al cole, corría al parque y hasta corría para ir al baño.

—Preparados… listos… ¡ya! —gritó la abuela de Sandía.

Plátano salió disparado. Iba primero. Pasó el árbol grande, pasó la fuente, pasó el banco… Pero justo antes de la meta, ¡zas!, tropezó con una piedrecita y rodó por el césped.

Cuando se levantó, Kiwi ya había cruzado la meta. Luego llegó Piña. Luego Sandía. Y por último, Plátano.

Plátano notó algo que le subía desde los pies. Algo caliente, como un volcán. Se le puso la cara roja, apretó los puños y gritó: —¡No es justo! ¡Esa piedra estaba ahí a propósito! ¡No quiero jugar más!

Dio una patada a una hoja, se cruzó de brazos y se sentó debajo de un árbol, de espaldas a todos.

Sus amigos se acercaron despacito. Kiwi quería decirle que no pasaba nada, pero Sandía le hizo un gesto: —Espera. Ahora mismo tiene un volcán dentro.

Sandía se sentó a su lado, sin decir nada. Solo se quedó allí. Al rato, dijo bajito: —Cuando yo me enfado, hago como los globos. ¿Quieres probar?

Plátano no contestó, pero miró de reojo.

—Mira —dijo Sandía—. Cojo aire por la nariz y me hincho, muy, muy despacio… y luego lo suelto por la boca, fuuuu, como un globo que se desinfla.

Plátano probó. Cogió aire. Se hinchó. Y lo soltó: fuuuu. Lo hizo otra vez. Fuuuu. Y otra. Fuuuu.

Poco a poco, el volcán se fue enfriando. Los puños se abrieron. La cara volvió a ser amarilla.

—Estaba enfadado porque quería ganar —dijo por fin Plátano—. Y me dio mucha rabia caerme delante de todos.

—Es normal enfadarse —dijo Piña—. A mí me pasa cuando se me cae la torre de bloques.

—Y a mí cuando se acaba el helado —dijo Kiwi, muy serio.

Plátano se rio. Luego miró a Kiwi y le dijo: —Enhorabuena por ganar. Corriste muy rápido.

—¡Gracias! ¿Hacemos otra carrera? —propuso Kiwi—. Pero esta vez, a la pata coja.

Y así hicieron una carrera a la pata coja, otra hacia atrás y otra dando saltos de rana. Plátano no ganó ninguna… pero fue el que más se divirtió.

Para hablar después
  • ¿Qué sintió Plátano cuando se cayó?
  • ¿Cómo es el truco del globo? Probadlo juntos.
  • ¿Qué te hace enfadar a ti? ¿Qué te ayuda a calmarte?