Kiwi y el cepillo saltarín
Un cuento original de Frutilú.
Kiwi había cenado una sopa riquísima, un poco de queso y, de postre, un yogur de fresa. Luego se puso el pijama y se fue derecho a la cama.
—Kiwi —dijo mamá desde el pasillo—, ¿no se te olvida algo?
—¿Yo? Nooo —contestó Kiwi, metiéndose bajo la manta.
Pero en el baño, alguien sí se había dado cuenta. El cepillo de dientes de Kiwi, que era verde y tenía las cerdas de colores, empezó a moverse. Primero tembló un poco. Luego dio un saltito. Y luego, ¡boing!, saltó del vaso al lavabo.
—¡Esto no puede ser! —dijo el cepillo—. ¡Kiwi se ha ido a dormir sin lavarse los dientes!
El cepillo saltó por el pasillo, boing, boing, boing, y llegó hasta la habitación de Kiwi. Se subió a la mesilla y carraspeó: —Ejem, ejem.
Kiwi abrió un ojo. Luego el otro. —¡Un cepillo que habla!
—Pues claro. Y vengo a avisarte: en tu boca hay una fiesta. Unos bichitos llamados caries se han quedado con los restos del yogur de fresa, y están bailando entre tus dientes.
—¿Bailando? —preguntó Kiwi, preocupado.
—Bailando y saltando —dijo el cepillo—. Y si se quedan toda la noche, pueden hacer agujeritos en tus dientes. Pero no te preocupes, que yo sé cómo acabar con la fiesta.
Kiwi se levantó de un salto y fue al baño con el cepillo saltarín. Le puso un poquito de pasta, del tamaño de un guisante, y empezaron.
—Primero, los de arriba —dijo el cepillo—. Arriba y abajo, como si barriéramos. Ras, ras, ras.
—Ahora los de abajo. Ras, ras, ras. Y por detrás, que ahí se esconden los más pillos.
—¡Y ahora las muelas! —dijo Kiwi, que ya se lo estaba pasando bien—. Como un tren: chucu, chucu, chucu.
Mientras cepillaban, cantaban juntos: «Arriba y abajo, por delante y por detrás, los bichitos de la boca no volverán jamás».
Al final, Kiwi se enjuagó y escupió el agua, ¡ptuu!, y se miró en el espejo. Sus dientes brillaban como estrellas.
—¡Fiesta terminada! —dijo el cepillo, muy satisfecho, y saltó otra vez a su vaso.
Kiwi volvió a la cama con la boca fresquita. —Buenas noches, cepillo —dijo. Y desde el baño, muy bajito, se oyó: —Buenas noches, Kiwi. Hasta mañana… después del desayuno.
- ¿Qué estaban haciendo los bichitos en la boca de Kiwi?
- ¿Cómo se cepillan las muelas? Haced juntos el ruido del tren.
- ¿Qué canción podemos cantar mientras nos lavamos los dientes?






















